Monday, March 21, 2016

¿Cómo sonaba el canto gregoriano?

En la Edad Media las artes liberales —las que practicaban los hombres libres— se dividían en dos partes: trivium y quadrivium. La música era una de las cuatro artes del quadrivium, junto a la aritmética, geometría y astronomía. En aquel tiempo (y antes de aquel tiempo) la música estaba más cerca de los números que de la estética sonora que es capaz de emocionarnos. Algunas de las bellas artes (pintura, arquitectura y escultura), eran artes vulgares practicadas por siervos y esclavos.

¿Cómo sonaba el canto gregoriano en la Edad Media?, pregunto en una de las primeras clases sobre apreciación musical. Silencio prolongado. Para situar a los estudiantes en la época, les hablo de la literatura importante: Dante y su 'Divina comedia', la laboriosa terza rima, un artificio que los sorprende; Petrarca y los sonetos del 'Canzoniere' —analizamos los catorce versos de once sílabas, notan la rima, y notan cómo todos estos elementos estructurales desaparecen en la traducción al inglés—; Boccaccio y las cien historias del 'Decamerón', contadas por siete mujeres y tres hombres que huyen de la peste bubónica; Chaucer y 'Los cuentos de Canterbury', una competencia de peregrinos cuenta-cuentos, donde el premio es una comida gratis. Vemos imágenes de la arquitectura románica: la iglesia de San Martín de Frómista en Palencia; y la comparamos con una catedral gótica: la de Nuestra Señora de Reims. Escuchamos 'Alleluia: Vidimus stellam' (Hemos visto su estrella) y seguimos una transcripción en notación musical moderna.

Durante la clase, los estudiantes aprenden características intrínsecas del canto gregoriano. Que se canta en latín, por hombres, que es monofónico —una sola melodía—, vocal y a capella —sin instrumentos musicales—, no tiene métrica y está libre de acentos regulares, el texto es religioso, nunca secular, las palabras se pueden acomodar a la música de tres formas: silábica —una nota musical por sílaba—, neumática —cinco o seis notas por una misma sílaba—, y melismática —muchas notas para cantar una sola sílaba—. Aprenden que puede ser responsorial —a un solista le responde un coro (como en los tamboritos panameños que responden a la cantalante), o antifonal —alternación de dos coros—, que el contorno melódico es principalmente por intervalos conjuntos —imitando el discurso hablado—, que el registro vocal es pequeño —una octava más o menos—, que usa modos eclesiásticos —en lugar de los modos mayores y menores—, que es colectivo y anónimo.

Conocer algo es poder definirlo con amplitud. Desde ese día, cuando a aquellos estudiantes alguien les pregunte ¿cómo sonaba el canto gregoriano en la Edad Media?, jamás habrá silencio.

Apreciación musical

Una de las clases que dicto en la Universidad Temple, en Filadelfia, se llama "Music Appreciation". Un curso para ciento veinticinco estudiantes que no van a ser músicos sino biólogos, médicos, abogados, economistas y periodistas entre otras profesiones. Los estudiantes llegan a la clase porque les gusta la música y sin tener muy claro de qué trata. En las quince semanas en las que nos reunimos cuarenta y cinco veces, aprenderán teoría musical básica y adquirirán un vocabulario que les permitirá comentar correctamente una canción popular o una sinfonía clásica. Sustituirán los adjetivos feo y bonito por términos del argot musical. Cuando acabe el curso se expresarán con acierto sobre tempo, dinámica, textura musical, contorno melódico, timbre y registro de los instrumentos musicales. Diferenciarán el canto gregoriano de un madrigal de Palestrina. Entenderán por qué la música de Bach, Vivaldi y Handel suena diferente a la de Haydn, Mozart y Beethoven. Identificarán la estructura de un Lied de Schubert y de obras más extensas. Conocerán por qué la música clásica del siglo XX es más disonante que la de otros periodos.

En la primera clase contestan un breve cuestionario para diagnosticar sus conocimientos musicales. Les pregunto el nombre de las notas y las figuras musicales, intentan nombrar cinco notas en un pentagrama, les pido que escriban una escala de Re mayor y que identifiquen la "Sinfonía No. 5" de Beethoven y "La primavera" de Vivaldi después de escuchar sus inicios. Les digo que en cultura general, reconocer estas dos obras es como saber el nombre del primer presidente de su país o entrar a una sala del Louvre y advertir que se está frente a "La Gioconda.

Ninguno de mis estudiantes puede expresar —con nivel de universitario— por qué le gusta la música que escucha: hip-hop, rock, jazz o lo que sea. No poseen el lenguaje musical ni el entrenamiento para hacerlo. Algunos serán buenos profesionales en las carreras que escogieron y, gracias al curso, más selectivos con lo que escuchan.


Sinfonía No.5 de L. van Beethoven

'La primavera' de Antonio Vivaldi