En la
Edad Media las artes liberales —las que practicaban los hombres libres— se
dividían en dos partes: trivium y quadrivium. La música era una de las cuatro
artes del quadrivium, junto a la aritmética, geometría y astronomía. En aquel
tiempo (y antes de aquel tiempo) la música estaba más cerca de los números que de
la estética sonora que es capaz de emocionarnos. Algunas de las bellas artes
(pintura, arquitectura y escultura), eran artes vulgares practicadas por
siervos y esclavos.
¿Cómo
sonaba el canto gregoriano en la Edad Media?, pregunto en una de las primeras
clases sobre apreciación musical. Silencio
prolongado. Para situar a los estudiantes en la época, les hablo de la
literatura importante: Dante y su 'Divina comedia', la laboriosa terza rima, un artificio que los
sorprende; Petrarca y los sonetos del 'Canzoniere' —analizamos los catorce
versos de once sílabas, notan la rima, y notan cómo todos estos elementos estructurales
desaparecen en la traducción al inglés—; Boccaccio y las cien historias del 'Decamerón',
contadas por siete mujeres y tres hombres que huyen de la peste bubónica;
Chaucer y 'Los cuentos de Canterbury', una competencia de peregrinos
cuenta-cuentos, donde el premio es una comida gratis. Vemos imágenes de la
arquitectura románica: la iglesia de San Martín de Frómista en Palencia; y la
comparamos con una catedral gótica: la de Nuestra Señora de Reims. Escuchamos 'Alleluia: Vidimus stellam' (Hemos visto
su estrella) y seguimos una transcripción en notación musical moderna.
Durante
la clase, los estudiantes aprenden características intrínsecas del canto
gregoriano. Que se canta en latín, por hombres, que es monofónico —una sola
melodía—, vocal y a capella —sin instrumentos musicales—, no tiene métrica y está
libre de acentos regulares, el texto es religioso, nunca secular, las palabras
se pueden acomodar a la música de tres formas: silábica —una nota musical por
sílaba—, neumática —cinco o seis notas por una misma sílaba—, y melismática
—muchas notas para cantar una sola sílaba—. Aprenden que puede ser responsorial
—a un solista le responde un coro (como en los tamboritos panameños que
responden a la cantalante), o antifonal —alternación de dos coros—, que el contorno
melódico es principalmente por intervalos conjuntos —imitando el discurso
hablado—, que el registro vocal es pequeño —una octava más o menos—, que usa modos
eclesiásticos —en lugar de los modos mayores y menores—, que es colectivo y
anónimo.
Conocer algo es
poder definirlo con amplitud. Desde ese día, cuando a aquellos estudiantes alguien les
pregunte ¿cómo sonaba el canto gregoriano en la Edad Media?, jamás habrá
silencio.
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